QUERIDA HIJA...
Personal

QUERIDA HIJA…

Querida hija,

Tengo un sinfín de sentimientos encontrados que me tienen al borde del llanto.

Sé que estas últimas semanas han sido difíciles (sobre todo para ti) y me invade la pena cuando me necesitas y no puedo atenderte.

Desde que hermanito llegó las cosas han cambiado. Ya no puedo jugar contigo siempre que me lo pides, ni tampoco tienes siempre tu tetita justo en el momento en el que la necesitas. Tienes que esperarme porque a lo mejor estoy cambiando un pañal, bañándole, consolando su llanto…

Y es difícil. Difícil que lo entiendas si ni siquiera tienes tres primaveras.

Se me clava en el corazón tu mirada cuando, tras una pequeña rabieta, me confiesas entre lágrimas que lo has hecho porque querías estar conmigo. Tus llamadas de atención me duelen porque significa que necesitas de mí mucho más de lo que te estoy dando.
Y cuando hoy me has dicho “mami, es que yo quiero estar contigo todo el día” me he quedado rota.

Créeme cuando te digo que lo siento. A veces las cosas se complican y te digo que ahora voy a jugar contigo pero finalmente me es imposible. Y cuando quiero darme cuenta te veo en el sofá jugando sola y me siento la peor madre del mundo por permitir que la niña de mis ojos se sienta así, solita, aunque solo sea un minuto.

Esto está siendo difícil también para mí. Tu niñez se escapa entre mis dedos poco a poco y me gustaría detener el tiempo pero no puedo. Siento que cada instante que pierdo contigo ya no volveré a recuperarlo jamás y eso, mi vida, me tiene atormentada.

Intento recordarte cada día cuanto te quiero. Que sigues siendo mi niña, que te sigo amando y que eso no cambiará jamás.
Pero sé que no es suficiente.
No para ti. No ahora.

Sé que le quieres. Lo sé por esas caricias que le das casi sin que nos demos cuenta. O esos “te quiero” que le susurras en el oído mientras duerme. O esa cara de felicidad cuando agarra tu dedo.
Sé que le quieres por como coges con cuidado la gasita para taparle. Por como me pides que le dé la tetita si le oyes llorar. Por la ternura con la que pronuncias su nombre. Por como le dijiste a aquella niña que él es TU bebé.

Mi vida, perdóname. Por no estar a la altura de las circunstancias y a veces dejar que la situación me sobrepase olvidando que tú eres la más vulnerable y yo quien debe ofrecerte seguridad. Perdóname cariño por esos “ya voy” que se convierten en minutos o por esos “ahora” que nunca llegan.
Perdona las esperas. Tus “mami yo también soy un bebé” se me graban a fuego y te aseguro que sigues siendo mi bebé, mi pequeña bebé.

Te prometo que me encantaría que las cosas fueran distintas, estar menos cansada al acabar el día para poder acompañarte yo en tu dormir en lugar de papi, tener más energía para poder jugar contigo al 100% mientras nuestro bebé duerme, ser más paciente cuando me llamas varias veces seguidas, acompañarte al parque cada tarde…

Pero nosotros decidimos que viniera Marcelo y no solo no nos arrepentimos sino que estamos muy felices y le amamos con locura también.

Solo dame un poco más de tiempo amor mío, para aprender a manejar esta situación, para adaptarme también a los cambios y para poder ofrecerte todo de mí.

Porque no hay nada más importante en el mundo que tu felicidad, que vuestra felicidad.

Te amo mi niña. Con locura. Con toda mi alma. Infinitamente. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, pequeña hada de la sonrisa eterna. Y eso… Eso no cambiará jamás.

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2 Comentarios

  • Responder Madre Agua 16 septiembre, 2016 en 13:26

    Ay, no sabes lo identificada que me he sentido contigo. La de veces que yo no he podido jugar con el mayor, no darle teta… pero ellos lo entienden todo y al final nos sorprenden. Un beso enorme

  • Responder Sra Díaz 27 octubre, 2016 en 10:07

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