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EL CHUPETE: MI PARTICULAR “ZAS” EN TODA LA BOCA

No sé cuantas llevo pero realmente me he tragado muchas de mis palabras tras tener a mis hijos. Y sigo haciéndolo. Una no deja de aprender cosas en esto de la maternidad y de la crianza y ya doy por hecho de que el aprendizaje no va a terminar nunca.

Mis hijos son los dos de pecho. Alessandra tiene cuatro años y Marcelo 16 meses y ambos continúan con lactancia materna (y espero que por mucho tiempo más). Pero esa no fue mi intención desde el primer momento. En el caso de Alessandra, en concreto, yo tenía decidido que iba a dar biberón. Vamos, que ni me planteaba lo de la teta. Y también tenía decidido y asumido que necesitaba el chupete. Tenía varios comprados y otros tantos que me habían regalado.

En la recta final del embarazo y gracias a las clases de preparación al parto y a mi maravillosa matrona comencé a descubrir otra realidad. Y comencé a informarme, a leer, a tener mi propia opinión al respecto… y a desechar la idea del biberón y del chupete. Tanto es así que Alessandra nunca lo usó. Y lo que me parece más importante: nunca lo necesitó.

Cada vez que quería teta, allí la tenía. Pudimos tenernos al 200% (y me siento afortunadísima) por lo que, cuando necesitaba succionar, aunque no tuviera hambre ni sed, le ofrecía el pecho. Y así nos mantuvimos hasta ahora.

¿Qué pasa? Que cada niño es un mundo y cada crianza un universo.

EL DÍA QUE NECESITAMOS EL CHUPETE

Yo no compré chupetes para Marcelo. ¿Para qué? No los iba a necesitar tampoco. Si quería teta, la tendría. Sin más. Como su hermana.

Pero claro, no caí en la cuenta de que ahora no tenía todo el tiempo para él. Tenía que dividir mis atenciones. Y no imaginaba lo complicado que sería.

Fui plenamente consciente una de las veces en las que, sola en casa con los dos, se puso a llorar pidiendo brazos a la misma vez que Alessandra necesitaba ir al baño (y todavía no iba sola). ¿Me partía en dos? ¿Cómo podía hacerlo?

Su llanto se clavaba en mi cabeza y me sentía culpable a la par que inútil. Y se encendió la bombilla… ¿Y si un chupete le calmaba momentáneamente?

Decidí coger uno que tenía guardado de su hermana y llevarlo encima para cuando se presentara otra ocasión. Y ese momento llegó en un viaje en coche. Él lo pasaba regular cuando era más peque y en un viaje a Sevilla comenzó a llorar sin consuelo a los pocos minutos de arrancar. Así que saqué el chupete del bolso y, aunque le costó un pelín al principio, finalmente lo cogió con gusto y se quedó dormido.

No me lo podía creer… ¡¡Un hijo mío con chupete!! ja ja entendedme, es que hasta ese momento me parecía un artilugio absurdo y totalmente innecesario. Así que el “zas! en toda la boca” fue brutal. No me importa reconocerlo je je

Al día siguiente fui a la farmacia a por un par de chupetes más. Y comencé a utilizarlos en momentos muy puntuales: cuando íbamos en coche y no podíamos parar, cuando tenía que atender a los dos a la vez y estaba sola y sobre todo por las noches, cuando se dormía al pecho y al sacarle la teta se despertaba. Así conseguí dormir mucho más y mejor.

Ya hace meses que no lo usa. Creo que la clave fue no abusar. No lo usábamos para todo ni todo el tiempo. Y poco a poco fue necesitándolo menos. Ya no despertaba cuando le sacaba la teta de la boca, ya no lloraba en el coche… y se entretenía con juguetes cuando tenía que atender a su hermana.

Pero durante algunos meses el chupete le calmó muchos llantos en momentos en los que la tetita no estaba disponible y creo que cumplió una maravillosa y necesaria función.

Desde entonces, me he prometido a mí misma no decir nunca más de este agua no beberé porque mis hijos y mis maternidades, tan diferentes entre sí, siguen dándome lecciones cada día.

¿A vosotras os ha pasado algo así? ¿Cuál ha sido vuestro mayor “zas! en toda la boca? ¡¡Contadme!! je je

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11 Comentarios

  • Responder Mi Mundo con Peques 11 diciembre, 2017 en 18:09

    Qué real tu post… A mí me pasó también con otras cosas, como la lactancia… Nunca me imaginé que sería la mujer más feliz del mundo con mi peque todo el día en el pecho… ¡Pero lo fui! Y cuando nació mi hijo pequeño quise hacer lo mismo… no fue tan fácil, pero casi lo conseguí. Y no pude hacer que quisiera chupete

  • Responder Pilar_MamasFullTime 13 diciembre, 2017 en 09:54

    Jajajaja… ¡¡cómo me suena!!
    Lo de los zascas y lo de la relación de mis hijos con el chupete.
    El primero lo escupía, literalmente, se lo sacaba de la boca así que dejé de intentarlo. El segundo lo adoraba.. jajajaja
    No dejamos de aprender de nuestros propios errores.. 🙂

  • Responder Ana Guillén de Tres Crianzas 13 diciembre, 2017 en 13:56

    Jajja cuanto te entiendo. En mi caso fue muy similar. El primero no los quiso ni muerto y a la segunda le chifla. Se lo dimos sobre todo porque no ha sido niña de brazos, ni de quedarse dormida en la teta.. ella quería su chupete y a otra cosa mariposa. Cómo son los críos eh, parece mentira que salgan del mismo lado. Pero bueno, ese es el encanto de la bimaternidad jajja.

  • Responder Papás casi primerizos 13 diciembre, 2017 en 14:25

    Jajaja, lo mío fue al revés , la mayor sí que usó chupete y en cambio el pequeño no lo ha querido nunca por mucho que yo insistiera. Tampoco pensaba que fuera a pasar de seis meses dando pecho y ya llevo 28!! Así que tienes razón, nunca digas de este agua no beberé!!

  • Responder Carola López Moya 13 diciembre, 2017 en 16:22

    Jeje, a mí me ha pasado como a ti, pero mi bebé no ha querido el chupete. Así que los trayectos en coche se han hecho insufribles. Ahora ya no llora, menos mal. Besos, vecina! (te leo desde el aljarafe)

  • Responder Mónica RDC 13 diciembre, 2017 en 21:28

    A mi me pasó al revés… yo compré mil chupetes porque me encantan (Aunque tenía claro que lactancia si) y a la hora de dárselos, me dijo que para mi. No hubo forma, nunca lo quiso por más que lo intenté, recuerdo que una tarde me volví loca tratando de que aguantase uno para hacer una triste foto que tener de recuerdo jaja.

  • Responder Clara 13 diciembre, 2017 en 21:47

    Bueno yo he tenido mil. Cuando estaba embarazada del primero mi ideario de madre con las ideas claras, estaba establecido, fue nacer el mayor y perder sentido todo el ideario. Ahora que espero al tercero mi ideario es que lo que tenga que ser será, y lo que él reclame, y lo que me tendrá. Tanto brazos, como cuna, como mochila, como hamaca, como teta, como chupete como biberón. Juntos descubriremos cuáles son las necesidades que necesita.

  • Responder urbanandmom 14 diciembre, 2017 en 10:23

    Ufff. Yo era de teta sobre todas las cosas. Eso hasta que la cosa no fue bien y tuve que comerme mis palabras y empezar a sacarme leche cual vaca para poder llenar biberones. No hay nada que puedas hacer.

  • Responder EL COLLAR DE MACARRONES 14 diciembre, 2017 en 11:35

    Pues es que cada hijo es un mundo. Y aunque tengan la misma familia, las realidades de cada mi¡momento cambian. Vamos muchas veces con ideas en la cabeza y son ellos, los peques, los que nos van mostrando lo que necesitan.

  • Responder Vero de La Opinión de Mamá 14 diciembre, 2017 en 13:30

    Ayyyy, lo que cambian las cosas y nuestras ideas con la maternidad… Y lo curioso es que con cada hijo, a veces, vuelven a cambiar…

  • Responder lai - asipiensaunamama 14 diciembre, 2017 en 14:00

    algo asi me paso con la segunda, que no queria chupete, y yo encantada que me iba a saltar eso, pero…volvi a trabajar, y calmar a una niña de lactancia materna exclusica se hacia cuesta arriba para su abuela…y entonces, con 9 meses, si quiso el chupete…y de ahi, se engancho engancho!

  • Responder a lai - asipiensaunamama Cancelar comentario

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