Personal

EL DÍA QUE DEJAMOS DE SENTIRNOS CULPABLES

Desde que empecé a leer blogs de maternidad y a meterme en grupos de crianza empecé a atisbar un movimiento “anti sentimiento de culpa” muy curioso. Y digo curioso porque realmente nunca me había parado a pensar que sentirse culpable por algo fuera malo hasta el punto de que la palabra desdramatización ya casi solo me sonara a maternidad.

Es bueno para evitar frustraciones y desencantos ser conscientes de que no podemos estar siempre al 100% porque es tremendamente agotador.

Pero a ese mensaje creo que le falta una parte cuando nos referimos a nuestro papel como madres.
A esa maravillosa imperfección que caracteriza a cualquier ser humano y que justifica el hecho de que un día perdamos la paciencia y le peguemos cuatro gritos a nuestros hijos le falta la parte más importante. A esas palabras que nos decimos a nosotras mismas en un momento así, a ese “no te crucifiques que todas tenemos un mal día” le falta un “pero no olvides que tus hijos no tienen la culpa así que la próxima vez intenta controlarte”.

No nos olvidemos de eso, por favor. Nuestra imperfección no justifica nuestras acciones.
Sentirse culpable no es malo. Y reconocerlo tampoco. No nos hace menos modernas ni menos mujeres. Es una puerta abierta al cambio, a intentar mejorar, a buscar otras salidas.

No se trata de hundirnos si no de darnos cuenta de que las cosas no se hacen así. Solo de esa manera abrimos nuestra mente a otras posibilidades.
Si no sentimos ni un ápice de culpa y justificamos e incluso bromeamos con cada metedura de pata al final creo que nos impedimos a nosotras mismas ver con claridad y asumir nuestras responsabilidades ante nuestras propias equivocaciones haciendo cada vez más difícil encontrar otras alternativas.

A quienes piensan que sentirse culpable es un lastre yo les diría que a mí me parece peor encontrar una justificación a todo lo que hacemos mal. Porque no todo es justificable.

Oye, que no pasa nada por equivocarnos. Que no somos monstruos por ello ni unas madres terribles. Pero tampoco podemos pretender que nuestros fallos en otros ámbitos de nuestras vidas sean reprochados y en cambio nuestras equivocaciones como madres sean aplaudidas. Es tremendamente injusto.

Cuestiónate. Lee. Indaga. Aprende. Llora. Cuestiona tus métodos. Sigue leyendo. Observa.

La maternidad es un continuo aprendizaje lleno de altos y de bajos. Pero nada es mínimamente comparable. Merece la pena querer mejorar, por ellos. Porque, hasta en los peores momentos, para ellos seguimos siendo la mejor madre del mundo.

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2 Comentarios

  • Responder Jenny 1 marzo, 2016 en 06:57

    Me encanta tienes toda la razon

  • Responder La mama fa el que pot 22 marzo, 2018 en 19:38

    Yo lo que creo es que debemos dejar de fustigarnos.
    A veces nos sobrepasan las cosas y no actuamos bien. Y es normal sentirse culpable cuando no has hecho las cosas como querrías hacerlo pero muchas veces lo que hacemos es fustigarnos de mala manera.

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