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EL DÍA QUE NACIÓ MI HIJO Y MI HIJA SE VOLVIÓ INVISIBLE

El día 3 de Agosto de 2016 nace mi hijo. Y ese mismo día, en ese preciso momento, mi hija se vuelve completamente invisible para el resto del mundo.

Pasó, en muy pocas horas, de ser protagonista absoluta de miradas, comentarios y piropos a pasar totalmente desapercibida. De recibir halagos casi a diario a que no le dieran ni los buenos días. Y de repente solo se dirigían a ella para preguntarle por su hermano.

Intento ponerme hoy en su piel. En la de una niña de cinco años que lleva dos siendo absolutamente invisible para casi todos.

Debe ser difícil de entender. Y de asumir.

 

Soy consciente de que un bebé llama muchísimo más la atención. De que, conforme van creciendo, empiezan a sentir un poco más de vergüenza. Y especialmente mi chico es un peque muy simpático y resultón y es normal que a la gente le llame la atención y le hagan gracietas.

Pero me cuesta muchísimo entender que sea tan difícil dirigirse a ambos. A veces parece que tienen que pagar por añadir “y Alessandra” a la frase.

Nos han pasado muchas cosas en estos dos años y medio. Pero hace solo unas semanas que mi hija comenzó a verbalizarlo.

Nos cruzamos con un vecino del barrio que me saludó a mí directamente con un “buenos días Cristina” y luego continuó con un “buenos días Marcelo” al chiquitín. Y a continuación se va.

Mi hija, que estaba bien visible junto a nosotros, cogida de la mano de su hermano, se gira y me pregunta: “mamá, ¿por qué nunca me saludan a mí?

¿De verdad es tan difícil decir “buenos días” a secas? ¿O nombrarla a ella también?

Estoy cansada de añadir siempre la coletilla.

 

“Pues Alessandra también está muy guapa”

“Alessandra también es muy graciosa”

“¿Has visto lo bien que se toma el zumo también Alessandra?”

 

Y así hasta el infinito.

 

Y mi hija, que no tiene un pelo de tonta, se da cuenta. De que nunca la nombran. De que la ignoran. De que me esfuerzo por incluirla. De que procuro que se sienta integrada.

 

¿QUÉ HICE PARA SOLUCIONARLO?

 

Estaba tan tremendamente cansada de esta situación que un día, tras dejarla en el colegio, me dirigí a algunas vecinas del barrio y les expuse la situación. Y les pedí que, por favor, cuando se dirigieran al pequeño lo hicieran también a la mayor.

Les conté que se sentía desplazada y que a mí se me habían acabado las excusas para justificarlo.

Lo sorprendente es que luego son los primeros que preguntan si la niña tiene celos. ¡¡Pero si no paran de adular al pequeño en su presencia!!

Por suerte lo entendieron perfectamente. Y durante varios días, cuando me iba encontrando gente sin que mi hija estuviera presente, les estuve explicando lo que sucedía.

 

Desde entonces ya nunca más se dirigieron solo al pequeño. Desde aquel momento se acabó eso de ser invisible para medio barrio. Volvió a ser protagonista. Volvió a estar presente. Aunque para mí es obvio que nunca dejó de estarlo.

¿Os ha pasado algo similar? ¿Con la llegada del bebé vuestra hija o vuestro hijo mayor pasó a ser completamente invisible?

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