Reflexiones

MANOS VACÍAS

Hoy sentí que tu niñez, poco a poco, se iba escapando entre mis dedos.

Hoy, que no me has dejado darte un beso de buenas noches ni ponerte el pijama. Hoy, un día dominado por los “yo puedo” y los “yo sé solo”. Hoy, que preferiste comerte la comida sin mi ayuda. Que cogiste la servilleta y te limpiaste la boquita antes de beber agua. Hoy, que no tuve que sostenerte el vaso para que no se te cayera.

Si todavía resuena en mi cabeza el eco de tu llanto el día que nos encontramos.

Incluso si cierro los ojos puedo olerte. Y sentir cómo te aferraste a mi pecho por primera vez. Pero, aunque me cueste creerlo, aquellos momentos solamente son parte de un recuerdo cada vez más lejano.

Hoy… Hoy te caíste y te levantaste solo.

No te hice falta.

Y es que ya dejas de necesitarme. Al menos tanto como me necesitaste todo este tiempo.

Quizá sea una de las etapas más bonitas pero también una de las más difíciles. Porque aceptar que creces de forma vertiginosa no es fácil.

 

Hoy sentí que tu niñez, poco a poco, muy lentamente, se iba escapando entre mis dedos.

Hoy me encontré ante mí misma con las manos vacías y una sensación difícil de explicar, difícil de entender.

Quizá porque soy consciente de que tú has sido mi último bebé.

Quizá porque sé que, a partir de ahora, volarás aún más rápido.

Y yo debo dejarte volar…

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