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5 CONSEJOS PARA MEJORAR LA COMUNICACIÓN CON TUS HIJOS

Esto de la maternidad es un continuo aprendizaje. Sobre todo si las mochilas que traes de tu propia infancia pesan demasiado. Desprenderse de ellas y abrir la mente a nuevos caminos es fundamental si verdaderamente queremos vivir una maternidad plena y feliz y sobre todo si queremos hacer felices a nuestros hijos.

Asisto a una escuela para padres que se imparte en el colegio al que va mi hija. A cargo de una maravillosa profesional, Mari Carmen Díaz, experta en inteligencia emocional y mindfullnes, que nos ayuda a entender a nuestros hijos y a ver lo que no somos capaces de ver por nosotros mismos.

En la última sesión a la que acudí tratamos el tema de la comunicación y quería dejaros aquí algunos consejos que me parecieron importantísimos y que me sorprendieron mucho.

 

¿CÓMO PUEDES MEJORAR LA COMUNICACIÓN CON TUS HIJOS?

 

DILES LO QUE QUIERES, NO LO QUE NO QUIERES

La forma en la que tenemos de decir las cosas puede cambiarlo todo. El cerebro de los niños no entiende el “no” en su sentido literal cuando lo introducimos en una frase. Por ejemplo, al decirles “no pegues”, su cerebro visualiza “pegar” y “no” por separado. Por esta razón es mucho más efectivo utilizar palabras o expresiones como “para”, “basta” o “stop”, por ejemplo, para indicarles que queremos que dejen de hacer lo que están haciendo.

Además, la manera de reconducir la situación puede ser vital para nuestra comunicación familiar. No es lo mismo  “no pintes en la mesa” que “mira cariño, aquí tienes este cuaderno para pintar. La mesa sirve para comer y los cuadernos para colorear”. Decir, estamos diciendo lo mismo. Le estamos pidiendo que deje de pintar en la mesa. Pero de una forma positiva. Y de esa forma lo van a interiorizar.

Te animo a que hagas la prueba porque te vas a sorprender muy mucho.

 

¿TENER RAZÓN O SER FELIZ?

Qué pregunta, ¿eh? Así me quedé yo cuando la escuché por primera vez de boca de Mari Carmen. Y es que es cierto que a todos nos gusta tener razón. A todos sin excepción. Y a todos nos molesta que nos la quiten.

Pero en realidad, ¿qué es lo más importante? ¿No crees que es mejor vivir en armonía que generar un conflicto simplemente por una lucha de ego? Al final la decisión está en nuestras manos.

Es algo en lo que caigo bastante a menudo. Me fastidia soberanamente que me quiten la razón (sobre todo cuando estoy convencida de que la tengo) y estoy trabajando poco a poco en mejorar este aspecto de mi personalidad, sobre todo de cara a la relación con mi hija (a ella también le molesta enormemente que le quite la razón).

Piensa en cuantas disputas habéis tenido en casa por este motivo. ¿No crees que es más importante entender a la otra persona que tener razón?

 

PONTE LAS OREJAS DE ESCUCHAR

Algunas veces nuestros hijos nos hablan mientras estamos haciendo mil cosas. Y al final, sus palabras no son más que un murmullo. Asentimos con la cabeza y seguimos a lo nuestro.

Seguro que alguna vez te ha sucedido. O quizás más de lo que te gustaría.

No podemos pretender que la comunicación con nuestros pequeños sea fluida si no nos ponemos las orejas de escuchar, si no les prestamos la atención que necesitan. Sé que es complicado. Que hay etapas en las que necesitan tantísima atención que no das a basto. Pero aunque ese dibujo sea casi igual que el que te hizo ayer, para él es importantísimo enseñártelo, que lo veas, que lo atiendas.

Y sobre todo, recuerda que somos el espejo en el que se miran. No pretendas que ellos se pongan las orejas de escuchar cada vez que les hablas, si las tuyas están guardadas en un cajón, llenas de polvo.

 

 

PALABRAS PROHIBIDAS

Sí. Debería haber palabras prohibidas cuando hablamos o debatimos con nuestros hijos. Porque cuando entras en una dinámica de discusión o conflicto no ayudan en nada a calmar los ánimos.

Siempre me llevas la contraria”

Nunca recoges los juguetes”

Siempre te portas mal cuando vamos al parque”

“No me dejas hacer nada

“Estás todo el día quejándote”

¿De verdad? ¿En todo momento te lleva la contraria? ¿No hay una sola vez en la que te haya hecho caso a la primera? Piénsalo. Piensa cuantas órdenes damos al cabo del día y en cuántas no hacen lo que tú quieres que hagan.

Esas palabras son tremendamente injustas. Y además las utilizamos para intensificar aspectos negativos. De hecho, creo que la mayoría de las veces no valoramos cuando recogen, cuando nos complacen haciendo lo que les hemos pedido aunque no tengan ganas, cuando nos entienden…

Nos cuesta mucho analizar también la responsabilidad que tenemos sobre su comportamiento.

Mi hija me ha enseñado lo positivo de pararme a explicarle las decisiones que tomo  y su capacidad de comprensión.

Si está jugando en el parque con sus amigos y de repente, sin previo aviso, le dices que os marcháis… ¿de verdad pretendes que se vaya con una sonrisa? ¿No es más justo avisarle unos minutos antes de que os tenéis que ir? Todos necesitamos tiempo de asimilación. Nosotros controlamos los horarios pero ellos no a no ser que les avisemos.

Y simplemente es por poneros un ejemplo. A lo mejor, si consideráis que “siempre” tiene una rabieta al irse del parque podríais buscar otra manera de afrontar el momento de marcharos de manera que tenga tiempo para asimilarlo y aceptarlo. O quizás esta fórmula no os funciona y tenéis que buscar otra. Pero lo que está claro es que nosotros, los adultos, tenemos que buscar soluciones y sobre todo ponernos en el lugar de nuestros hijos.

 

NUESTROS HIJOS NO NOS LEEN EL PENSAMIENTO

Otro de mis grandes fallos. A veces doy por hecho que mi hija me lee el pensamiento y nada más lejos de la realidad. Si estoy cansada y no se lo digo ¿cómo lo va a saber? Si me encuentro mal y no se lo digo ¿lo va a adivinar? ¿Y si tengo sueño pero me lo guardo para mí?

Es otro de los aspectos que estoy trabajando. Ponerle nombre a mis emociones, no solo a las suyas. Si estoy cansada, aburrida, enfadada, triste… o si necesito algo en concreto como por ejemplo que deje de tirarme de la camiseta porque me molesta o que no me despeine porque no me gusta que me toquen el pelo después de haberme peinado (manías que tiene una.. ja ja!)

Y por supuesto pedir las cosas de manera seductora (¡qué gran consejo!). El “por favor” no falta en nuestro vocabulario diario. Me parece vital. Y he cambiado la forma de pedir las cosas. Pero claro, para eso hay que tener paciencia porque hay veces que no surte efecto a la primera y hay que insistir un pelín pero al final, con buenas palabras y buena disposición se consiguen mejores resultados que con las órdenes.

 

 

Espero que podáis interiorizar estos consejos, llevarlos a vuestro día a día y, si os apetece, contadme qué cambios notáis en la relación con vuestros hijos.

Y si estáis por la zona de Sevilla y queréis contactar directamente con ella, podéis hacerlo a través de la web  www.mcarmendiaz.es 

Os aseguro que es maravillosa y que os abrirá nuevas puertas en todos los sentidos.

 

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