extraccion de sangre niños
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A MI HIJO TIENEN QUE SACARLE SANGRE… ¿CÓMO SE LO EXPLICO?

Cuando la pediatra me dijo que iba a mandarle una analítica de sangre a mi hija (3 años casi cumplidos) me eché a temblar pero no nos quedaba otro remedio puesto que la bronquitis y la tos parecían haber llegado para quedarse y todo apuntaba a que la causa podría ser la alergia.

Estuvimos dándole vueltas a cómo afrontarlo. Pregunté a algunas amigas cuyos hijos habían pasado por lo mismo siendo pequeños para conocer sus experiencias. Y en base a todo lo que escuchamos y leímos decidimos.

Al final todo fue bien aunque soy consciente de que podría haber sido una locura. Así es como afrontamos nosotros esta experiencia:

 

LE CONTAMOS LO QUE IBA A PASAR

Nosotros a nuestra hija siempre le explicamos lo que le va a suceder. Llevar a un niño de 3 años a una consulta en la que tiene que quedarse quieto sin que sepa a lo que va puede ser contraproducente. El miedo a lo desconocido puede provocar que se ponga muy nervioso e incluso que no se le pueda realizar la extracción.

Unos 4 ó 5 días antes explicadle qué va a pasar. Nosotros le dijimos que el Viernes le iban a dar un pequeño pinchacito y que podríamos ver de qué color era su sangre. Eso le moló. Bromeamos con ella diciendo: “¿será rosa? ¿amarilla? ¿tendrá purpurina?”
Con eso conseguimos quitarle un poco de hierro al asunto.

 

LE EXPLICAMOS LAS CONSECUENCIAS

Todo en esta vida tiene consecuencias. Cualquier decisión que tomemos nos dirigirá en un sentido u otro.

Yo no soy partidaria de castigar; de hecho nunca hemos castigado a nuestra hija. Eso sí, nuestros actos tienen consecuencias y eso debe saberlo.

Uno de los días en los que hablamos brevemente con ella de lo que iba a suceder el día de la extracción nos dijo que no quería ir.
Mi hija había pasado 2 bronquitis y una laringitis en menos de 5 semanas sin que se le quitara la tos ni un solo día. La analítica era imprescindible porque todo esto era debido a alguna alergia y tenían que averiguar a qué.

Le explicamos que si no se hacía la analítica a lo mejor no podríamos hacer su fiesta de cumpleaños (era unos días después). Y le explicamos, por supuesto, el por qué. Si no se hace la analítica no sabremos lo que le pasa y por lo tanto no podrá tomar la medicina que necesita. Evidentemente sin medicina no se curará y tan malita como estaba no podríamos celebrar su fiesta (¡llegó a vomitar 10 veces una sola noche!).

También le preguntamos que si quería ponerse buena. Cuando nos dijo que sí le explicamos que para curarse, la doctora necesitaba sacar un poquito de sangre para averiguar qué es lo que le pasaba.

Así entiende que todo tiene un motivo. Las cosas no se hacen porque lo diga mamá o papá y punto. Y debe saberlo.

 

NO LE MENTIMOS

Procuramos no mentirle casi nunca (digo “casi” porque tooooodos mentimos alguna vez). Al cabo de un par de días de decirle que le iban a dar un pinchacito se lo volvimos a recordar y le dijimos que el pinchacito dolía un poco pero que pasaba súper rápido.

Es fundamental que nuestros hijos confíen en nosotros y para eso deben sentirse seguros. Yo no me sentiría segura si mi madre me dijera “vamos a ir a un sitio chulísimo donde veremos tu sangre y será genial” y luego me encontrara en una sala fría con una señora a la que no conozco de nada pidiéndome que me quede quita mientras sostiene una aguja en la mano.

La verdad por delante. Sin dramatizar, sin exagerar. Dándole simplemente la importancia que tiene.

 

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NO ME PUSE NERVIOSA

Difícil ¿eh?

Pero como sabéis nuestros peques perciben todo y si te sienten segura y tranquila ellos se sentirán así, protegidos, a salvo. Pero si estamos tensas y nerviosas creerán que algo malo les va a pasar.

 

NOS ALEJAMOS DEL RESTO DE LA GENTE

Cualquier comentario puede desencadenar el llanto.

Esperando a que nos dieran los botecitos mi hija se puso a mirarlos diciendo “¡mami qué chulos! ¡Son de colores!”. Una chica embarazada que estaba a nuestro lado dijo “si supiera para qué son no diría que son chulos”.
Yo le respondí que claro que sabía para lo que eran: iban a sacarle sangre y veríamos su color cuando cayera en esos tubos.

Fue un comentario muy desafortunado por su parte. Igual si mi hija lo hubiera escuchado hubiera pensado algo malo y se hubiera puesto nerviosa.

Otros peques llorando también podían asustarla. Por eso lo mejor es ser de lo primeros.

 

LE DI MUCHÍSIMO CARIÑO

Cuando le pincharon lloró. Era de suponer. Yo tenía mi pecho apoyado en su barriguita suavemente pero con firmeza, por si le daba por moverse o incorporarse. Le repetía, con una sonrisa, que lo estaba haciendo genial, que me sentía muy orgullosa de ella y que ya íbamos a terminar.

Palabras de ánimo y de comprensión nos ayudan a todos a superar un mal momento, ¿no?

 

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EL DESPUÉS

Siempre tenemos que validar sus sentimientos.

Cuando acabamos le di teta prácticamente de inmediato. Al terminar me dijo que había llorado porque le había dolido mucho y yo le dije que la entendía, que a mí también me duele cuando me pinchan.

Le recordé que ahora la doctora sabrá qué le pasa y podrá curarla. Y por supuesto le volví a repetir lo orgullosa que me sentía de ella.

 

 

Estos son los consejos que puedo daros para afrontar una primera extracción de sangre. Espero que vuestros hijos no lo necesiten (al menos tan pequeñitos) pero si no queda más remedio ojalá pueda ayudaros en algo mi experiencia.

¡Contadme cómo os ha ido!

 

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1 Comentario

  • Responder Marta C. 7 febrero, 2017 en 20:49

    Creo que tomasteis la mejor decisión que podías tomar para explicarte los motivos, tratándolo con realismo y siendo sinceros respecto a porqué era bueno y necesario que le sacaran sangre. Es importante saber tratar las cosas con naturalidad para que vean que es algo que les ayudará a estar mejor y como bien dices sobre todo no perder los nervios para no transmitírsela a los pequeños… si nosotros no somos capaces de mantener la calma, ¿cómo vamos a esperar que ellos lo hagan?

    Un besazo.

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