Personal,  Reflexiones

ROCÍO, YO SÍ TE CREO

Yo sí te creo. Y te creí en tu silencio, durante todos estos años.

Te creo sin documentos, sin más pruebas que la sinceridad de tu mirada y la amargura de tu llanto cuando hablas de ellos.

Te creo. “Aunque” hayas cobrado. Qué ironía… que te señalen por esa razón cuando tantas personas han cobrado durante años por hablar de ti.

 

Yo te creo. Sin necesidad de explicaciones. Sin que tengas que demostrarme nada.

Te creo como millones de personas le creyeron a él durante años, sin documentos, sin pruebas y cobrando. Y le creyeron tanto que olvidaron aplicarte a ti esa presunción de inocencia que ahora reclaman.

Y no te creo por el simple hecho de ser mujer. Te creo porque soy madre. Porque conozco las encrucijadas de la maternidad.

Porque maternar no es un camino fácil y menos aún en esas circunstancias.

Porque yo, desde la comodidad de mi sofá, con mi hija a un lado y mi hijo al otro, con una vida anónima compartida con un marido corresponsable… soy incapaz de señalarte, incapaz de juzgar tus decisiones o de hablar en tu nombre.

Y es que yo creo saber lo que hubiera hecho en tu lugar.

Pero es que yo no soy tú, nuestras circunstancias y nuestras vidas son diferentes. Y yo también me equivoco en mi maternidad. Continuamente.

 

Te veo cada semana y te siento.

Te escucho llorar y me gustaría abrazarte y decirte que no estás sola, que has sido una madre maravillosa que ha hecho todo lo que ha sabido y podido por darle a sus hijos una infancia feliz.

Y en ese abrazo, seguro lloraría contigo. Como lo hecho al escucharte más de una vez.

Te creo porque miro más allá. Porque cuestiono, porque es imposible no haber sufrido con el acoso tan evidente al que te has visto sometida durante años a golpe de portadas y de entrevistas en programas de corazón.

¿Qué mas pruebas que ésas?

 

Te creo porque hace ya mucho que me puse las gafas violetas. Y cuando te las pones, ya no hay marcha atrás.

Te creo en tus contradicciones, en tus equivocaciones. Porque nadie recuerda toda una vida a la perfección. Porque unos cuantos detalles equivocados, no invalidan esa vida.

Te creo porque, quizá, estaba predispuesta a creerte. Porque merecías (y mereces) el beneficio de la duda ante todo lo que ha planeado sobre ti durante más de dos décadas. Porque tienes derecho a defenderte. Y a elegir cómo y cuándo hacerlo.

 

Te creo, Rocío.

Y lo único que deseo es que, cuando todo esto termine, te espere un bonito final, lleno de perdón, de abrazos y de reconciliaciones. Y puedas volver a acariciarles el pelo, como seguro hiciste tantas veces. Y puedas volver a darles un beso en la frente, aunque esos besos ya sepan diferente por el pasar de los años. Y no tengas que volver a echarles de menos.

Un final feliz para ti que, aunque aún no se hayan dado cuenta, será un final feliz también para ellos.

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